Porque cuesta imaginar a la Selección sin Lionel Messi. Cuesta pensar que algún día ya no estará esa zurda esperando la pelota, esa mirada antes de un tiro libre, ese instante en el que millones de argentinos nos quedábamos en silencio esperando que sucediera algo.
Messi no fue solamente un futbolista. Fue parte de nuestra vida.
Lo vimos crecer, sufrir, caer, levantarse y finalmente alcanzar aquello que durante tantos años parecía imposible. Lo vimos llorar por una camiseta que ama profundamente y también levantarla hasta lo más alto del mundo.
Nos regaló noches inolvidables. Nos hizo gritar, abrazarnos con desconocidos, llorar de alegría y volver a creer cuando tantas veces parecía que no se podía.
Y ahora llega ese momento que nadie quería imaginar: su último partido con la camiseta de la Selección.
No será simplemente un partido. Será una despedida a una etapa irrepetible. A un jugador que transformó para siempre la historia del fútbol argentino.
Quizás no haya una manera perfecta de decir adiós. Porque a los ídolos que nos acompañaron durante tantos años no se los despide: se los guarda.
Gracias, Leo.
Gracias por cada gol, cada asistencia, cada gambeta, cada abrazo y cada lágrima. Gracias por haber llevado la camiseta argentina con orgullo y por haber entendido, como pocos, lo que significa vestirla.
El fútbol algún día seguirá sin Messi.
Pero la historia de Messi con la Selección quedará para siempre.
Y cuando pasen los años, cuando alguien pregunte qué se sintió ver jugar al mejor, podremos decir que estuvimos ahí.
Lo vimos.
Lo alentamos.
Lo sufrimos.
Lo disfrutamos.
Y tuvimos el privilegio de verlo campeón del mundo con la camiseta que más ama.
Gracias, capitán. Por todo. Y para siempre. 🇦🇷